lunes, 25 de junio de 2007

CENICIENTA DESPUÉS DE LA BODA

http://www.youtube.com/watch?v=n083cmoPohA


- Érase una vez…- eso, érase una vez y ninguna más. Ahora te voy a contar la realidad de los cuentos de hadas, a ver si alguien baja de las nubes.
Mi nombre es Cenicienta, supongo que a todo el mundo le sonará mi nombre. Sí, soy aquella pobre muchacha con una madrastra malísima y unas hermanastras no mejores, a la que unos ratoncitos y una hada madrina ayudaron a conocer al Príncipe. La del zapatito de cristal y todo ese rollo. Bueno no os quiero explicar el cuento de la Cenicienta porque éste, doy por hecho que ya lo sabéis, de todas maneras lo interesante no es lo que pasó en ese cuento infantil, si no lo que yo te voy a contar a partir de ahora, la verdadera historia de la Cenicienta, o sea yo. No encontrarás un mejor narrador, ni más realista.
Me casé en primavera, por aquello de que aquellos que yo consideraba mis amigos, los pajarillos, viniesen a la boda. Él día de autos, la verdad, he de reconocer que, todo salió a pedir de boca, creó que fue la primera y última vez que verdaderamente me sentí una princesa. ¿Qué pensabas que llevar un zapato de cristal te hace la más?, pues no. Primero porque andas acojonadita por si se te rompe y te cortas, además con la pasta que vale como para romperlo. El tiempo que estuvo perdido desde aquella primera noche con el Príncipe, después de que yo saliese corriendo a las doce de la noche. ¡Ah, por cierto!, un inciso, no salí corriendo porque la carroza se convirtiese en calabaza, salí corriendo porque era la fiesta cotillón de palacio y tenía miedo que después de cantar las doce campanadas me pudiese coger por banda Ramón García.
Como iba diciendo, el tiempo que el dichoso zapatito estuvo en paraje desconocido, menudas broncas me llevaba del Hada Madrina, hubiese preferido a Flora, Fauna y Primavera, aquellas que le tocaron en el sorteo a la dormilona de la Bella Durmiente. Mi hada, mi estimada hada, me presionaba para que me pusiese a trabajar por las noches en un burguer para pagar el maldito zapato, su seguro no se hacía cargo de tal “obra de arte”, por lo menos eso decía ella.
Total que al final fue un “alivio” que el Príncipe lo encontrase y me lo trajese. Lo de alivio lo pongo entre comillas porque al final el Príncipe es como todos los hombres: “Prometen y prometen, hasta que la meten y una vez la han metido se olvidan de lo prometido”, pero de esto ya te hablaré más adelante. Ahora sigamos con el calzado de marras.
No os he dicho que vivía en un pueblo, donde dudo, contando a mis hermanastras y a mí misma hubiesen más de trescientas chicas y todavía no entiendo como tardaron tres meses en dar con mi pie, con averiguar que yo era la propietaria de dicho zapato. En fin, un misterio más de cuentos de hadas y otras historias.
Cuando ya lo tuve en mi poder, es un decir porque el hada lo cogió rápidamente y menos mala porque mis hermanastras que estaban muertas de envidia y los celos recorrían todas sus venas, se liaron a zapatazos conmigo y si yo hubiese tenido el cristalino no hubiese dudado en partírselo en la cabeza a cualquiera de ellas.
Aquello de: “comieron perdices y vivieron felices”, tiene matices. Es cierto que dentro del menú nupcial habían perdices, que ni te cuento la movida que tuve con los pajarillos invitados al evento, desde entonces no me hablan y se me cagan en los cristales de palacio. A lo que venía, las perdices en pepitoria de vicio pero lo de vivieron felices...
Después de la luna de miel…, donde tuvimos que llevarnos a mi suegra, osease a la reina (vamos veintitantos años aguantando madrastra y hermanastras y ahora que por fin parecía que me libraba de ellas me encasquetan una suegra)
Después de la luna de miel, empezaron los marrones. El Príncipe mucha sangre azul y mucha tontería, pero si le hacías la prueba del RH, JB positivo.
A los dos meses de casarme y vivir en palacio, mi madrastra se puso muy enferma y sus adoradas hijas la abandonaron a su suerte. Al final, por el que dirán, acabó instalada en una de las seiscientas habitaciones de palacio. Menos mal que el recinto es grande y tan siquiera me la encuentro, ahora que lo pienso lleva aquí más de dos años y no la he visto...

La verdad es que tan joven y sin nada que hacer, las horas eran muertas y aburridas, así que intentaba divertirme con mis amigos los ratoncitos, pero éstos también se habían echado a la buena vida y siempre estaban por ahí perdidos royendo queso y fornicando, al final tenía más ratones que espacio en la cocina, así que muy a mi pesar tuve que llamar al Flautista de Hamelín, por cierto el teléfono no sale en las páginas amarillas, tuve que llamar a un 112 y dos número más y después de dos días de comunicación en espera y un coste de llamada superior al sueldo principesco de un mes me consiguieron el teléfono. ¡Para leche!, pero me lo consiguieron. Llamé al Flautista y éste estaba de vacaciones en un balneario, se había estresado de tanto oír la flauta y se había tomado un año sabático, eso me dijo su secretaria. Después de llamar unas quinientas veces, y cuando digo quinientas digo quinientas o más, a ver no tenía otra cosa mejor que hacer, la chica que siempre me atendía me dio el teléfono de un sustituto, que vino de seguida. Éste no tocaba la flauta, vino con instrumento que yo no había visto jamás antes, claro que con el oído que tengo como para dedicarme a la música. Era un instrumento de color amarillo en el que ponía dos cosas claras: - 1.- El nombre de la empresa: Sanidad y consumo y 2.- Raticida. Todavía no sé que clase de música se desprendía de aquel instrumento, un pss, psss (tampoco me hagas mucho caso posiblemente le este cambiando el ritmo, ya he dicho que lo mío no es el oído musical), pero hasta la fecha no queda ni un roedor, se los llevó a todos. Aquella nana que los durmió, se ve que le encantó que por aquí no han vuelto.
Un día, poco antes de mi primer aniversario de boda, me llegó una carta de Pedorra y Pamplinas (nombre que le doy a mis queridas hermanastras) que querían venir a ver a su tan estimada mamá y no recuerdo haberles contestado ni con un sí ni con un no con un no pero aquí se presentaron y así como a su progenitora no la he vuelto a ver, a ellas las vi durante todo el día, durante todo el mes que permanecieron comiendo y durmiendo de gorra, claro que hubo alguien que las vio mejor que yo.
El día del primer aniversario, el Príncipe montó una gran fiesta en palacio, estas cosas de cara a la galería quedan muy bien. Cuando la fiesta acabó yo seguía esperando mi regalo; me había casado con un Príncipe lo menos que esperaba era un pedrusco de un montón de quilates, pero no hubo nada. Antes de la boda, el Príncipe, todo hay que decirlo, era de lo más generoso, pero era lo que yo decía: “Prometen y prometen…”
Dos días después de la gran fiesta, me encontré al Príncipe cabizbajo y me lo llevé a la alcoba, allí intenté que se olvidase de sus penas y así de paso me olvidaba yo también de las mías pero al contrario de lo que yo esperaba, no pasó nada de nada, un nuevo día que le dolía la espalda, cosa que no entendí, porque es un Príncipe, vamos que por no doblarse, no se dobla ni al domino.
El Hada me había puesto al corriente de los dolores de cabeza femeninos pero nunca me habló del dolor de espalda masculino. La verdad es que estaba hecha un lío. Mandé al siervo encargado de la prensa que me trajese cuanta revistas femeninas encontrase para ver si en algún artículo encontraba solución al dolor del Príncipe.
Sabía que el Hada escribía artículos desde su retiro espiritual. Tras mi enlace se jubiló y no se pensó dos veces el largarse sin dejar dirección alguna.
Después de leer varios artículos no encontré ninguna respuesta. Sólo la receta de un par de brebajes para subir la pasión. Me metí en la cocina, no tenía ni idea de cocinar, porque en mi casa llevaba y traía pero he de reconocer, que el verdadero trabajo lo hacían entre el hada y los ratoncitos, yo llevaba más bien la parte logística. Mezclé los ingredientes que ponía en la receta, algunos todavía no estoy segura que fuesen los que tenían que ser. La noche se me vino encima después de mis quehaceres culinarios y mientras cenábamos hice que el Príncipe se tomase el mejungue. Creo que no funcionó, dos días después, el Príncipe, no había aparecido.
La noticia llegó temprano, todavía estaba en mis aposentos cuando la falta de puntualidad en mi desayuno me llamó la atención. Bajé indignada no había ni un criado sólo pancartas en las que se podía leer: “ Príncipe. Ladrón, no nos has dejado ni para arroz”
Busqué a mi marido y le puse al corriente de lo que había encontrado, yo no estaba de acuerdo con el despido, pero si con que les diese una reprimenda, ya eran las once y media y seguía sin desayunar. Tragó saliva y confesó:
- Querida Cenicienta, una mala inversión, el IBEX que ha bajado y mi madre sin un duro me ha dejado.
- ¿Qué tu madre invertía nuestros bienes?
- Todos no, sólo sus bienes, o sea todo menos el palacio que es mío. Entiéndelo a sus ochenta y cinco años se aburre y como por aquí no hay ningún bingo, algo tenía que hacer la mujer.
¡Dios mío!, volvía a ser pobre y ahora sin Hada y sin ratones. Además sólo quedaba el castillo y nos habíamos casado en separación de bienes: su castillo para él y para mí nada, ni el vestido de novia que empeñar, éste ya estaba convertido en mi antigua ropa: harapos llenos de ceniza.
Puse un anuncio en prensa para buscar al Hada y ésta haciendo caso a mis plegarias apareció.
- ¡Hada madrina, Hada madrina!, un hijo necesito, el Príncipe sólo posee el castillo y si lo vende yo no tendré nada. Un heredero he de darle. Mientras tenga un hijo, nos tendrá que mantener.
- Te entiendo, pero ¿recuerdas el hechizo que te hice para que no te quedases embarazadas por si te daba por acostarte con el Príncipe antes de la boda?
- Sí, claro.
- Pues no lo deshice y ahora no recuerdo el contra hechizo.
- ¡Por Dios, vieja chocha, RECUERDA!
- Mira hija, como no veo fácil lo de buscar entre mis recuerdos, lo que si te puedo aconsejar es que llames a Bella, es abogada experta en separaciones y divorcios. - Bella, aquella que se arrimó a la Bestia por dinero y al final todo le salió a pedir de boca (¡asquerosa!)
- Esa misma. Aquella misma tarde me dieron hora para el día siguiente y estando en la puerta de los señores de Bestia, sonó mi móvil, era el Príncipe:
- Cenicienta, reina (nunca mejor dicho), mi madre ha muerto.
- ¿Y…?
- Y que vengas a Palacio lo antes posible. De mala gana volví y ayudé al Príncipe con los preparativos para el sepelio, a mi me daba cien patadas que aquella vieja que me había arruinado la vida se hubiese muerto, antes tenía que haber pasado (lo sé, soy cruel, pero ya sabes eso de cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana)
Después del entierro abrieron el testamento, dejaba todo a su querido hijo el Príncipe. ¿Qué le iba a dejar sus deudas? Para mi sorpresa, la señora tenía un montón de joyas que después de venderlas hizo que el Príncipe y yo misma tuviéramos más cash que incluso antes de que su madre se lo jugase en bolsa.
Ahora era la reina, volvía a tener vestidos de Channel y sirvientes que hacían mis aburrido días más llevaderos. Al Príncipe seguía doliéndole la espalda pero al final descubrí porque, un día ya cansada de tanto desplanté entré en las estancias estrictamente cerradas para el rey y allí me lo encontré encima de su escritorio montado por Pedorra. Me puse histérica. Salí al despacho de Bella y allí me enteré que: El adulterio en los cuentos de Hadas no son bien vistos, así que automáticamente todos los bienes del rey pasaron a mi poder. Y aquí me encuentro en las Bahamas con un moreno untándome crema.

Moraleja: No hay mal, que por bien no venga.

20 comentarios:

fgiucich dijo...

Gracias por visitar mi casa y dejar tus comentarios. Volveré. Saludos.

bonsaimusic dijo...

He venido telepáticamente a vuestro blog al reconocer el son de vuestros tacones. He echado un vistazo somero y me gusta el material. Un poco largos para mi gusto, pero...me ha gustado "Lo que me hizo llorar, hoy me hace reír". Es una verdad verdadera.
Nos vemos.

Un saludito.

mi despertar dijo...

Lindo blog y he encontrado gente amiga, volveré

Gerardo Omaña dijo...

Me siento stisfcho con tan bonita historia contada con el realismo de tus letras.

Recibe un beso en tu alma.

Las telepatéticas dijo...

Gracias a todos por taconear.

Bonsaimusic: Sí, la verdad que hay algunos largos pero han salido así, espero que merezca la pena leerlos ;)

José Antonio dijo...

Tras poder dedicarle algo menos del tiempo que se merece a esta entrada, puedo decir que me ha gustado bastante.
Eres buena amiga, muy buena :-)

JJ - dijo...

Vaya, un placer conocer este blog!
Un abrazo!
Buen rato recorriendo sus palabras.
Seguimos leyéndonos.

Alexis dijo...

tenías que haberte llevado al flautista para hecharte crema que estaba de buen ver...besos

calma dijo...

Gracias por tu saludo en mi blog.
La cenicienta siempre fue el cuento preferido de mi hija, con 15 años aún lo sigue poniendo.
Saludos

SONIA dijo...

Chicas, ya tenéis una fan, adoro el humor, porque siempre me ha parecido el mejor manager para los inteligentes.

Volveré.

Un abrazo.

Sonia.

Princessa dijo...

So? Los cuentos de hadas reales no existen? :(

Princessa dijo...

Saludos y abrazos de todas formas

manuel dijo...

Cuando empece´viendo el vídeo pensé "joder, me va a dar un ataque de hiperglucemia, por lo tierno del cuento"...me gustó el "otro lado"...que bien si Cenicienta en vez de brebajes anticonceptivos hubiese pedido un coctel de viagra para él y un buen afrodisiaco para ella - por lo menos no le hubiese puesto los cuernos con la pedorra (sería una máquina, si no no entiendo lo del adulterio).

Genial continuar el cuento para cuando seamos mayores. Un abrazo desde Sanlúcar de Barrameda

Ricardo dijo...

gracias por tu visita a mi blog.............. seguire visitandote ............. no habia tenido el placer de visitarte..............

saludos y poesia

rikardo

ahh te invito a conocer mi otro blog lleno de poesia y magia

etaxys dijo...

Ves ahora me voy a poner a escribir un cuento ¡por tu culpa!...mira lo que has conseguido ¡estarás contenta!,darme ideas y hacerme trabajar.
No se si mandarte un beso,por eso de conocernos de hace poco ¡pero venga a ver que pasa!...Un beso morenaza.

Jesús dijo...

jajajaj, joder ya era hora que alguien contara cuentos para mayores diferentes de los que cuentan los políticos que esos son más cuentos pero son muy aburridos. Me he reido con ganas. Gracias por hacerme reir y por la retranca que aquí acabo de encontrar.
Saludos

Las telepatéticas dijo...

Manuel, puede que tengas razón pero los cuentos, cuentos son... como los sueños.

Las telepatéticas dijo...

Gracias a todos por taconear.

Esther Hhhh dijo...

Telepáticas, genial esta historia, la verdad que muy buena... Aunque si desmitificais los cuentos de hadas, los únicos (junto con las películas románticas) donde las cosas salen bien ¿Qué va a ser de nosotr@s l@s que nunca tenemos suerte en esto del amor?
Ainssssss.....

Besitos

Nerim dijo...

Me ha encantado saber el destino de todos los personajes del cuento.
Como dice "delokos", "los cuentos sirven para dormir a los niños y despertar a los adultos"
y tu cuento es para leerlo antes de la boda y después del postre.
Hay un dicho que lo dicen mucho las mujeres arabes: me prometió unos pendientes y solo me agujereó las orejas.
Un abrazo
Nerim