
Desde Relats conjunts nos invitaban a crear un texto a partir del cuadro "Mujer Desconocida"
La verdad es que aquella mujer no tenía nada atrayente, más que su sombrero de plumas que en pleno siglo XXI era bastante vistoso. Seguramente algún diseñador lo vuelva a poner de moda, pensé.
Me entremetí entre los callejones que daban a la tienda de antigüedades del Sr. Ramiro, bisnieto, nieto e hijo de anticuarios. Era tal la devoción que sentía por su trabajo que hasta su cara parecía haber salido de un cuadro del medievo. Al entrar en el establecimiento, sito en la calle del Arte, nº 7, percibí ese olor a polvo y a polillas tan característico de los muebles antiguos con falta de ser restaurados. Ví al Sr. Ramiro y me llamó la atención un retrato que tenía justo detrás de él. ¡Era imposible!, aquel retrato era la viva imagen de la mujer que hacía escasos minutos había visto en la calle, el sombrero de plumas y su faz blanquecina no dejaban lugar a dudas.
Pregunté si ahora se dedicaban a hacer retratos, quizá esa mujer quería parecerse a algún antepasado suyo. El Sr.Ramiro, con esa educación que emanaba, me dijo que no, que ese cuadro que yo señalaba llevaba allí no sabía el tiempo, desde que él tenía razón de ser aquel cuadro había estado allí. El autor era desconocido y a nadie parecía haberle interesado jamás.
Me sentía pertubada y quise encontrarle lógica, al igual alguien había entrado anteriormente al establecimiento y había visto el cuadro, después había decidido vestirse así para hacer un teatrillo y ganarse unas monedas, en la zona los mimos y otros artistas eran muy frecuentes.
Volví a mi casa sin haber comprado lo que quería, ya volvería al día siguiente.
Era una mañana fresca de otoño y salí de casa para ir a la tienda del Sr. Ramiro, hoy compraría el escritorio que necesitaba para mi nueva sala de lectura.
Al llegar al nº 7 de la calle del Arte, miré y volví a mirar, no había ni restos de la casa de antigüedades que tantas veces había visitado. El local estaba allí, era el nº 7, entré dentro y desde luego el Sr. Ramiro no estaba. El local parecía abandonado hacía tiempo, pero yo sabía que eso era imposible, pues ayer mismo había estado allí. Nada en la calle del Arte parecía estar en su sitio, me fui cabizbaja pensando en lo raro del asunto. Al llegar a mi nuevo piso, el que todavía no había podido acabar de decorar, me encontré una sorpresa: Encima de la chimenea había un cuadro colgado: el de aquella mujer del sombrero. No me pareció una mujer desconocida, porque la cara de esa mujer era la mía propia.
