
Durante los seis meses tras el primer encuentro entre Raquel y Manuel mantuvieron el contacto y quedaban regularmente. Incluso en algunas ocasiones, tras verse, se escribían mensajes al teléfono móvil o al correo electrónico para hacerse saber el uno al otro que el encuentro era lo mejor que les ocurría durante tiempo. Los sentimientos empezaban a aflorar, el ambiente era intenso, las miradas lo decían todo.
En ese tiempo ninguno tomó la iniciativa para hablar sobre sus propios sentimientos. Hablaban sobre la rutina, sobre sus proyectos, sus intenciones a corto y medio plazo, sus vidas. Raquel cada vez tenía más dudas sobre su religión, y Manuel tan sólo escuchaba y dialogaba con ella para que se sintiera cómoda.
Un buen día antes de despedirse, Raquel comentó que sentía que eran un amor platónico el uno para el otro. Manuel salía de una relación difícil, y las diferentes creencias religiosas de ambos dificultaban una posible relación. Manuel asintió que sentía algo parecido, argumentando sus sentimientos más sinceros, y se fundieron en un largo abrazo. Luego se miraron unos segundos, y Raquel le dio un tímido beso de despedida cerca de la comisura de los labios. A este siguieron un seguido de besos y caricias. Raquel se despidió, estaba cerca de casa y prefería marchar, prometiendo a Manuel hablar sobre lo sucedido.
Los días pasaban, Manuel estaba confuso y esperaba una respuesta que no llegaba. Raquel necesitaba espacio para pensar a cerca de lo sucedido, y sobre la difícil situación de sus sentimientos con sus creencias.
Raquel atendió las dudas de Manuel, y ambos decidieron seguir viéndose procurando evitar implicarse demasiado sentimentalmente, pero resultaba inevitable, en ocasiones, besos y algunas caricias. Respetando ambos la decisión tomada.
La situación se hacía cada vez más complicada para ambos. Tanto Manuel como Raquel empezaban a estar algo incómodos con la relación que mantenían, y sin acordarlo los encuentros fueron muy esporádicos y más espaciados en el tiempo.
Al cabo de unos meses, Raquel sorprendió a Manuel. Ésta decidió dar un giro radical a su vida y decidió comentárselo en persona. En realidad eran básicamente dos noticias: La determinación de abandonar la religión y la de independizarse en una ciudad lejana.
Manuel estaba descompuesto, pero tras reflexionar unos minutos entendió la decisión. Necesitaba desconectar y vivir un tiempo alejada de todo lo que conocía hasta ahora, para poder valorar sus ideales y crear su propia filosofía de vida, sin influencias externas.
El tren de la vida arranca de nuevo para Manuel y Raquel, sin tenerse cerca. Quién sabe si el destino les junta en otro vagón.
En ese tiempo ninguno tomó la iniciativa para hablar sobre sus propios sentimientos. Hablaban sobre la rutina, sobre sus proyectos, sus intenciones a corto y medio plazo, sus vidas. Raquel cada vez tenía más dudas sobre su religión, y Manuel tan sólo escuchaba y dialogaba con ella para que se sintiera cómoda.
Un buen día antes de despedirse, Raquel comentó que sentía que eran un amor platónico el uno para el otro. Manuel salía de una relación difícil, y las diferentes creencias religiosas de ambos dificultaban una posible relación. Manuel asintió que sentía algo parecido, argumentando sus sentimientos más sinceros, y se fundieron en un largo abrazo. Luego se miraron unos segundos, y Raquel le dio un tímido beso de despedida cerca de la comisura de los labios. A este siguieron un seguido de besos y caricias. Raquel se despidió, estaba cerca de casa y prefería marchar, prometiendo a Manuel hablar sobre lo sucedido.
Los días pasaban, Manuel estaba confuso y esperaba una respuesta que no llegaba. Raquel necesitaba espacio para pensar a cerca de lo sucedido, y sobre la difícil situación de sus sentimientos con sus creencias.
Raquel atendió las dudas de Manuel, y ambos decidieron seguir viéndose procurando evitar implicarse demasiado sentimentalmente, pero resultaba inevitable, en ocasiones, besos y algunas caricias. Respetando ambos la decisión tomada.
La situación se hacía cada vez más complicada para ambos. Tanto Manuel como Raquel empezaban a estar algo incómodos con la relación que mantenían, y sin acordarlo los encuentros fueron muy esporádicos y más espaciados en el tiempo.
Al cabo de unos meses, Raquel sorprendió a Manuel. Ésta decidió dar un giro radical a su vida y decidió comentárselo en persona. En realidad eran básicamente dos noticias: La determinación de abandonar la religión y la de independizarse en una ciudad lejana.
Manuel estaba descompuesto, pero tras reflexionar unos minutos entendió la decisión. Necesitaba desconectar y vivir un tiempo alejada de todo lo que conocía hasta ahora, para poder valorar sus ideales y crear su propia filosofía de vida, sin influencias externas.
El tren de la vida arranca de nuevo para Manuel y Raquel, sin tenerse cerca. Quién sabe si el destino les junta en otro vagón.
