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jueves, 4 de octubre de 2007

LAS 1001 CITAS - 3er Capítulo


Capítulo 3 – Los hombres de Lorena.

Mientras Carla acaba de degustar su última patata frita pensando en aquel youghourin, los demás dábamos un repaso a la carta de los postres. ¡Un día es un día!, y hoy es uno de esos días en que las grasas no se adhieren a nuestras abdominales, ni glúteos (de ilusiones también se vive).
Estaba debatiéndome entre un trozo de bizcocho bañado por chocolate caliente o una copa con cuatro bolas de helado cuando Lorena dijo:

- Vero, me has hecho acordarme de Tristán. Veinte añitos, mucho músculo, mucho aceite y poco cerebro pero tenía un movimiento de cadera qué quieres que te diga….

- Uffff, aceite, ¿dices?. Ese era gay seguro – dijo Jairo con aire de superioridad.


- Otra vez tu bocaza en medio de nuestras relaciones – dijo Verónica enfadada.

- Tranquila, si esta vez Jairo tiene razón; resulto ser palomo cojo.

- Ves…. – chirrió Jairo

- Pero después de Tristan, vino Samuel, y después Álvaro, y después Sergio, y después Eduardo, y después Manuel, y después….

- … y después, te echaron del concurso por abusona – dije yo.

- María, si a más de la mitad los conoces y si por algo me iban a echar del concurso, era por tonta.

- Sí, la verdad es que sí, porque te enamoras con esa rapidez…

- Bueno lo de Samuel fue un instinto primario. Me miró, le miré, nos acercamos y en menos de diez minutos estábamos dentro de su coche con los cristales empañados. Luego Álvaro, con su intelecto tan intacto, su aire de mosquito muerto, sus camisas bien planchadas, su calzoncillos de marca y su poca imaginación en la cama.

- De ese me acuerdo, dijo Carla. Era guapo muy guapo pero por lo que cuentas muy, muy “misionero”.

- Menos mal que mientras Álvaro me llevaba a cenar a sitios caros, Sergio me ponía mirando a Cuba y el uno con el otro se complementaban.

- Después os quejáis de que yo soy promiscuo, dejo caer Jairo.

- ¿Os acordáis de Manuel? – preguntó Lorena soltando una carcajada.

- ¡Vaya si nos acordamos!, ese tío era un degenerado, nos pellizcaba el culo a todas…


- Y a todos – añadió Jairo

- … Vale a todas y a todos – acabó la frase Verónica.

- Era muy cariñoso e incluso se quería casar.

- ¿Con quién?

- Conmigo, ¿con quién iba a ser?

- No, no, yo lo decía por tanto amor como tenía para dar – quise aclarar.