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jueves, 13 de diciembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - EL FINAL


Querida amiga:

¿Dónde te encuentras?, te siento cerca. Quiero que esta carta sin sello te llegue al cielo, aunque creo que tardarás más que yo en llegar. Mis fuerzas se están acabando, espero que me estéis esperando. Tobías se marchó la semana pasada, ¿os habéis encontrado?

A pesar de lo agotado que me siento, pienso en lo feo que voy a morir, con estos dos bultos que me puso aquel matasanos de las Ramblas, pero en fin, ahí, todos seremos igual.

Tengo sueño, mis párpados suben y bajan como paso de Semana Santa, mis manos tiemblan, mis pies están morados, me cuesta respirar ¿estará llegando el final?

Amiga mía, me encuentro muy mal, ven a buscarme, te lo ruego.

Acabó de ver a la muerte esconderse tras la puerta de la cocina, oigo su voz susurrante como me reclama.

Esperadme que pronto llegaré, seguramente, de esta noche no pasaré. Quiero ir con vosot
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Esta mini novela, esta dedicada a tod@s l@s que se sienten mal, culpables por tener SIDA.
A l@s que aún no lo tienen o no lo saben, para que tomen precauciones.
Hemos podido comprobar que es un círculo vicioso, que cuanto menos seamos conscientes del riesgo que corremos, más se propagará la enfermedad. En pleno siglo XXI, morirá gente por ignorancia.
El SIDA se ha convertido en polémica y demagogia y es mucho más grave como para simplemente analizarlo o debatirlo en los medios de comunicación. El SIDA no es un problema ideológico, es un problema de salud pública.

A nuestros personajes la agresividad de esta enfermedad devastadora, les volatizó, en un breve periodo de tiempo, todas las células de aniquilación de organismos extraños (T4 y T8). Tarde se dieron cuenta de su enfermedad.
Ser portador del SIDA (VIH) no significa una condena a muerte, hay personas que sobreviven muchos años, con una buena calidad de vida. Lo mejor es no dejarse llevar por el pánico y ser conscientes de nuestras limitaciones.
Al son de unos tacones

domingo, 9 de diciembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - EMPEORANDO


Hoy, Tobías y yo hemos ido al médico, nos ha dicho que la cosa ha empeorado mucho.

Tengo la hepatitis B, Clamidias, Virus de Papiloma Humano y PCP. Parece que me han tocado todas, realmente lo que peor llevo es la Clamidia y el PCP. Los calmantes, ya aclaran poco los dolores y los escalofríos.

Tobías también tiene la hepatitis, sarkoma de kapossi, CMV y Meningitis criptococal. Él se ha quedado ingresado en el hospital, le falta poco, pero sigue luchando.

Ya ves, aquí estamos con todas las enfermedades que nos han diagnosticado, estoy seguro que tomamos todos los calmantes del vademécum.

Al menos, tú no tuviste que pasar por todo esto. No puedo ir, apenas, a visitar a Tobías, el cansancio de mi cuerpo se hace a cada minuto más insoportable.

Échanos una mano desde donde estés, o dile al "jefe" que haga algo, mira nunca había creído en él, pero ahora es el único consuelo que me queda.

Perdona que te hable tan bajito, pero es que el eco de mi propia voz retumba en mis oídos.


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jueves, 6 de diciembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - PUDO SER EL CULPABLE


¿Sabes quién ha venido a visitarme?. Tobías, aquel "noviete" tuyo que te dejó plantada una tarde, la misma tarde en la que yo llegué. La verdad es que su aspecto deja mucho que desear.


Ha venido a buscarte y se ha encontrado con el vacío de tu ausencia. Al principio se ha quedado bastante parado. Me ha estado contando que te dejo plantada porque aquella mañana había ido a buscar unos análisis que le desvelaban que tenía SIDA. Le daba miedo enfrentarse a la verdad, y de lo peor, haberte contagiado.


Ya ves, otro posible culpable. Estamos rodeados de personas con enfermedades contagiosas y/o mortales, y no somos capaces de reflexionar las cosas antes de hacerlas, aunque nos expongamos a la muerte como hemos hecho nosotros. No sólo moriremos Tobías, tú y yo, sino todas esas personas que pasaron por nuestra cama, con las cuales no pusimos medios. Por pocas que sean, son demasiadas para condenarlas a morir.


Tobías sigue siendo heterosexual y, no se, me da que sigue enamorado de ti. Pero hemos decidido, que el tiempo que nos queda lo vamos a vivir juntos, la compañía siempre es grata.
En tu casa te recordamos a cada paso y esperamos el momento de reunirnos contigo.



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domingo, 2 de diciembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - CAMINO AL FINAL


¿Cuánto tiempo estuvimos sin dirigirnos la palabra?, días o quizás semanas, no porque nuestro cariño se estuviese agotando, sino porque nuestros ojos vivían en las tinieblas de un lago y preferíamos omitir el tema.

Experimentábamos el dolor de lo incontrolable de nuestra enfermedad, callados, solo nos teníamos el uno al otro.

¡Cómo desapareció nuestra sonrisa, cómo desaparecieron nuestros sueños!, ya no teníamos ninguna esperanza más que la de larga o corta espera que nos deparaba el futuro, la tuya fue más corta.

La tarde que tus ojos perdieron intensidad, bajamos al bar a tomar algo, tus manos temblaban al coger el café y trémula trataste de explicarme que sentías llegaba tu fin. Quise engañarme, engañándome ante cualquier adiós. No te podías ir, tu no. No podías dejarme solo, en un mundo donde sólo me entendías tú.

Con tu barbilla apoyada sobre las manos que reposaban en la mesa, estabas guapísima, a pesar del sarkoma de kapossi. Pude ver como tu último aliento me dedicaba... una última sonrisa, un último beso, una última mirada, dejaste de respirar y me di cuenta de las innumerables cosas que aún te quedaban por ver y por hacer; ya no estaban en el tintero, habían desaparecido, se habían esfumado tras de ti.

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jueves, 29 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES- EL DIAGNÓSTICO


El diagnóstico de tus pruebas tenía que llegar por correo, pero estabas de dos meses y medio y no llegaba.

Recibimos una llamada que anunciaba el adelanto de tu visita al ginecólogo. Llegamos puntuales a la cita y el médico te informó que tenía el resultado de tus pruebas. En tu sangre había alguna anomalía y tenía que practicarte otra analítica urgentemente.
En pocos días tuvimos los resultados: eras portadora del VIH. Maldije, con todas mis ganas, el mundo que nos rodeaba.
Nuestro hijo todavía no había visto la luz y ya se le estaba apagando, el médico nos aconsejó que mejor sería pensar en abortar.

Me suplicaste que me hiciera la prueba y que si yo daba negativo, continuarías con el embarazo, porque así el niño, nuestro niño, tendría a alguien que lo cuidase.
Así lo hice, pero no corrí mayor suerte que tú, yo también era sero positivo.
Los dos éramos consciente de que yo siempre había tenido mayor riesgo de contagio. En ese momento me culpabilicé de la perdida de nuestro hijo. Ahora sigo culpándome por su muerte, y también por la tuya.

Yo, ya, tenía asumido que nunca sería padre, pero tú..., estoy seguro que te hubiese gustado tener a tu bebé entre los brazos.

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CASTILLO DE NAIPES - SORPRESA


Empezaste a encontrarte mal y a tener vómitos. Te sentías rara y te daba miedo ir al médico. No querías decirme la verdad, porque ni tu estabas segura. Cuando conseguí darme cuenta de lo que te pasaba, después de varias indirectas de las tuyas, salí corriendo a la farmacia a comprar un test de embarazo; ibas a ser madre.
Abrimos el paquete, leímos las instrucciones, te metiste en el cuarto de baño, y cinco minutos después saliste inundada en lágrimas que recorrían tus mejillas, la prueba había dado positiva.

Me hacía tanta ilusión ser "tío", que me olvidé de si tu querías tenerlo o no. Fue la primera y única vez que me gritaste y me repudiaste. Entre los gritos, dijiste que el padre era yo.
Tras la noticia, mi cuerpo se paralizó, no podía creermelo. era como si de nuevo tuviera que volver a empezar y mi condición de transexual tuviese que dejar de existir.

Fuimos al médico, el bebé estaba perfecto, no obstante, te tenían que hacer unas pruebas para diagnosticar el mal de tu cansancio, aunque todo apuntaba a que era a causa de tu nuevo estado.

Me pediste que no olvidara mis sueños, que podría seguir al lado de nuestro hijo, fuera como fuera y estuviera como estuviera. Pero se nos avecinaban nuevos gastos, seríamos tres y además tendríamos que cambiarnos de piso.

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lunes, 26 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - Metamorfosis




Dos semanas después de nuestro encuentro carnal, viendo la televisión pude comprobar, que nos había tocado la lotería, no era mucho, quince mil euros para cada uno, fue entonces cuando volvimos a la normalidad de nuestra relación, la euforia por el premio nos hizo olvidar todo lo demás.

Fui a pedir mi despido al local de ambiente y un compañero me informó que si lo que quería era operarme, él conocía una clínica muy económica, por algo más de dos mil euros me operaban los pechos; clandestina claro. Como ya hacía tiempo que tomaba hormonas, pensé que no pasaría nada, si me operaba en esa clínica, simplemente me ahorraría dinero.

Entré en uno de los callejones que dan a la Rambla de las Flores, aquello tenía pinta de cualquier cosa menos de centro de estética, pero en fin, ya estaba allí y tenía que entrar. Me aseguraron que en cuarenta y ocho horas estaría fuera y por eso te dije que me estaba tomando un fin de semana sabático, para darte una sorpresa.

En una habitación de sucias cortinas y peores sábanas, me ingresaron. Recuerdo que me temblaba todo el cuerpo, que no hacía más que entrar y salir gente y que un par de veces vinieron a inyectarme, supongo que anestesia. Lo siguiente que recuerdo es mi torso vendado.

Me informaron de que todo había salido perfecto. Por fin, parte de mi sueño hecho realidad. Ahí tenía un escalón más, antes de llegar al Podium.

Dos horas antes de darme el alta, me quitaron las vendas y mi sorpresa fue de muy desagradable. Sí, tenía pechos, pero éstos eran diferentes entre sí. También tenían cicatrices espantosas alrededor, aunque pensé que estás desaparecerían con el tiempo. Yo como siempre pensando más de la cuenta. Ahora tendría que gastar más dinero para solucionar aquello.

Ellos, los de la clínica, también pudieron ser culpables.


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miércoles, 21 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - ME EQUIVOQUÉ, NOS EQUIVOCAMOS


Aquella noche, llegué agotado, asqueado y deprimido del trabajo, realmente no sabía si valía la pena. Llevaba más de un año y todavía me quedaba un largo camino por recorrer antes de someterme a las operaciones.
Me estaba quedando sin fuerzas de para seguir adelante, había algo de mí que estaba venciendo mis ganas.

Sentado en el sofá me convenciste de que tenía que mirar hacía delante, luchar y conseguir mis sueños, tenía que determinar el camino de mi vida.

Sin darnos cuentas, nuestros labios se unieron, nuestra amistad pudo subir la temperatura ambiental y de repente, ahí estábamos haciendo el amor. Fue maravilloso, a pesar de todo, tener tu cuerpo tan cerca, poder mirarte y sentir que te deseaba y que quería tener un cuerpo como el tuyo.

Amanecimos abrazados, desnudos en el sofá. Nuestras miradas se cruzaron, nos levantamos y ninguno de los dos se atrevió a hacer comentario alguno. Nos daba vergüenza admitir que éramos débiles o que habíamos llegado a maltratar nuestra amistad por sentirnos amados una sola noche.

Fuer un error, no pusimos medios, nos dejamos llevar y mi destino rozaba a cada paso el colmo de la mala suerte.

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lunes, 19 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - EL PODER



Íbamos juntos de marcha, entre tu y yo acabamos con el género masculino de los locales de moda. Estaba claro, lo que iban de "hombres" eran tuyos, y los que querían aparentar y los ya consolidados, esos..., esos eran míos.

Cuando me pluriempleé en aquel pub, mi vida nocturna aumentó de una manera demedida y fue ahí cuando vi la oportunidad de cambiar mi cuerpo.

Empecé a informarme en clínicas especializadas, los precios era desorbitados y las pruebas se me amontonaban en el cajón de mi mesita de noche. Pruebas de sangre, pruebas pisológicas y un sinfín de ellas más.

Aunque ansiaba parecerme a ti, cuanto menos físicamente, me daba pánico pasar por quirófano. Ese era un escalón más a subir.

Me tenía, quería, arriesgar, pero el problema fundamental era el del dinero. Tú me ofrecías parte de tus ahorros, aún así no era suficiente.

Me ofrecieron dinero fácil, trabajando un par de horas como chico de compañía, en un local de ambiente. Así empecé a venderme por una suma que no estaba mal, pero tendría que hacer muchas horas extras.

Al principio pusiste el grito en el cielo, pero después, como siempre, intentaste comprenderme y me dejaste hacer.

Los días iban pasando y el trabajo de acompañante se me iba complicando. En sus inicios me parecía incluso divertido, pero después comenzó a darme asco.

¿Pudiera ser que alguno de aquellos clientes, que llenaban mis bolsillos de dinero viciado, fuera el culpable de lo nuestro?

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sábado, 17 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - EL AMOR



Trabajando conocí a un hombre que supo seducirme, era mi primer amor y con él probé las mieles del enamorarse. Vivía feliz a tu lado y con su pasión desenfrenada. Ahora me pregunto: ¿pudo ser él, el culpable de que ya no estés y de que yo este viendo como se va apagando mi luz, sin poder llegar a ese Podium que tanto ansiaba cuando toqué a tu puerta?

Ya es tarde para recriminarle nada, pues bien tu sabes, que como todo primer amor, acabó rompiéndome el corazón. Lo nuestro era más un secreto, sin saberlo, era su amante, estaba casado. Una más de mis decepciones.
Superarlo me constó lo mío, por las noches contenía mis lágrimas evitando que mis sollozos pudiesen desvelar tus sueños.

Luego apareció el que presentaría como mi novio formal. Era amor, pero no como el de la primera vez. La historia tuvo un tan triste final que culpé a éste de todas mis desgracias.

Tras él, hubieron, no sé, cinco o seis más, de sitio fijo y otros a retortero, me había convertido, en lo que cariñosamente tu llamabas: "un pendejo".

Todos ellos pudieron ser los culpables, quizá alguno también fuera inocente y yo lo convirtiera en víctima. Por eliminación, ¿te estás dando cuenta, que el único culpable... soy yo?

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jueves, 15 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - LA LIBERTAD



Una mañana me despertaron los gritos de mi madre, podrían ser sobre las siete. Mi padre había fallecido, y aunque aparentemente se reflejaba en mí la pena por ida de mi padre, interiormente, para mí, había empezado el principio de mi vida, aunque poco tardé en comprobar que el era el principio de mi fin y el tuyo.

Quería masticar los sinsabores de la libertad y me até a una condena sin piedad, la misma que até a tu corazón el mismo día en que te vi como flor de esperanza.
Subí el primer escalón, queriendo llegar al podium, llamando a tu puerta. Me había decidido mostrarme tal cual y aunque creí ser valiente marchándome de pueblo, sabía que sin ti no sería capaz.

Sorprendida, pero sé que con alegría, me acogiste, sin preguntar, sin querer escuchar explicaciones. Convertiste tu estudio en un piso para dos. Mi nueva vida había empezado.
Busqué trabajo, me resulto difícil, pero el esfuerzo dio su fruto: lo encontré. El sueldo era mísero, pero era mi primer dinero y eso me otorgaba otro empujón para subir al segundo peldaño.

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martes, 13 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - TODOS MENOS YO


Ya, a los veinte, nuestros caminos se fueron distanciando, seguía la correspondencia, pero con un fuerte incremento en el paro de los funcionarios de correos. Habías empezado a salir con aquel morenazo, de ojos negros que rompió, por primera vez, tu corazón. Os envidiaba a los dos. A ti porque podías permitirte, lo que para mí era un lujo y un tabú: salir con hombres sin que te catalogaran. A él porque te tenía a ti, porque ahora era a él a quien escuchabas y mimabas con desvelo.

Poco a poco, la gente joven del pueblo, se iba marchando, aquello era asfixiante si lo que querías era tener un futuro. Pero la verdad, me hubiese dado igual quedarme completamente solo, durante toda mi vida había oído burlas, así que ahora, ya era tarde como para poder solucionar nada con la gente que quedaba.

Mis hermanas se fueron casando y emigrando a otros países de Europa, sus maridos querían triunfar y pensaron que su triunfo estaría fuera de España.
Fuera del pueblo, todavía quedaba esperanza y, tal y como se estaban poniendo las cosas, supongo que hasta el más tranquilo se hubiese agarrado a un clavo ardiendo.
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lunes, 12 de noviembre de 2007

CASTILLO DE NAIPES - LA INFANCIA


¿Recuerdas, lo pequeños que éramos cuando venías a veranear a San Paez? Yo vivía allí siempre rodeado de la misma gente, tú era el aire fresco que se posaba cada verano en mi puerta.

Todavía no sé si me comprendías, aún mejor que yo, si ya entendías que no era igual a los demás o es que tus grandes ojos azules no te dejaban ver lo extraño, lo diferente, lo raro. Si alguna vez, de niña, te diste cuenta, obviaste por completo el tema, quizá por no hacerme daño o por no hacértelo a ti misma. Éramos grandes amigos.

Durante el invierno nuestras cartas eran casi diarias, tú me narrabas en ellas las historias que te ocurrían en el colegio, que venían a ser unas quince diarias y lo mucho que odiabas a las monjas del convento de Sta. Isabel.
Y yo..., yo solo tenía en la tinta de mi bolígrafo, las ganas de volar a un lugar donde nadie me conociese, donde nadie me señalase con el dedo.
Mis cartas eran de destinatario y de contenido invariable.

¡Vaya dos princesas para un cuento!, éramos de lo más atípico. Tú odiabas ponerte aquel disfraz de princesa que había hecho tu abuela en organza blanca y azul y yo me moría por ver con aquel traje.
A veces, a escondidas, me ponía la ropa de mis hermanas y me sentía único, feliz, dichoso, me sentía yo. Hasta que mi padre me pilló maquillándome en el cuarto de baño; todavía me duele la paliza que propinó, pero salta a la vista que no me hizo cambiar de idea.


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